Voltaire

Nunca vivimos; siempre estamos en la expectativa de vivir.

Hace no tanto tiempo los oficios se heredaban, pasaban de generación en generación dando lugar a largas sagas de barberos, por ejemplo, fotógrafos, abogados, ceramistas… y la lista podría ser tan extensa como aburrida. Antiguamente, las expectativas laborales que recaían en los hijos tocaban todos los oficios, pero algunas veces estos se resisten a la (auto-)imposición.

Uno de mis ejemplos favoritos es Klaus Mann, hijo de Thomas Mann y Katia Pringsheim, y quien jamás se vio recompensado por fama alguna, ocupándole su apellido más sombras que luces tanto en el terreno personal como en el literario.

La falta de pasión por un oficio concreto, la falta de aptitud y las altas perspectivas de los demás pueden arruinar la carrera de cualquier persona. Las dos primeras razones dependen de la persona en sí misma pero, ¿de quién dependen las altas perspectivas sobre una persona?

Lo ajeno

Y llegados a este punto, te voy a contar mi chascarrillo habitual. Prepara café.

Hace muchos años que escribo historias, no por ello gano en calidad pero lo cierto es que garabateo palabras, con más o menos sentido, desde los 12 años. Sepan disculpar la falta de puntería, no recuerdo la fecha ni la hora en la que comencé a escribir lo que pasaba dentro de mi cabeza. A veces pienso que debería haberla apuntado pero, como todo lo importante, me pasó desapercibido y no le di ninguna importancia a los primeros textos.

Nunca me ha dado por escribir libros, nunca ha pasado por mi cabeza escribir novelas y, con total seguridad, seguirá siendo así; siempre he estado predispuesta al cuento y a la fábula, géneros que me han llevado a leer todo tipo de libros relacionados con dichos géneros. Recuerdo la sensación que me quedó después de leer por primera vez a Sergi Pàmies (tampoco recuerdo la fecha, aunque debería haberla apuntado). El sentido de la vida tenía razones suficientes para existir en sus páginas, todo latía más fuerte y mejor; mientras leía llevaba esa sonrisa tonta de quien cree haber encontrado una fuente en el límite y casi al final del camino. Esa sonrisa tonta se me borró de golpe al preguntarme: ¿y cómo vas a hacer tú para escribir así?

No tenía ni idea pero yo creía que podía y sabía escribir como él. Los años y las lecturas venideras difuminaron esta sensación y fueron poniéndome delante a muchos más escritores y escritoras en los que mirarme; ya no me creo tan capaz, pero sigo deseando conseguirlo.

No se trata de falta de pasión, ni falta de aptitud… lo peor que yo pude hacer en mi juventud escritora fue crearme unas expectativas ajenas a mí. De todo esto, por supuesto, culpo a Sergi Pàmies, fueron sus libros los que me exigieron tener sus talentos y no los míos propios. ¡JA! Por entonces los suyos me gustaban más.

Lo propio

Chascarrillos aparte, te cuento estas cosas porque están íntimamente ligadas con el camino que todo lector ha de recorrer.

La lectura es algo que, al igual que otro oficio, pasa de padres a hijas, de abuelas a nietos y madres a hijos, de maestras a alumnos y de libreros a toda persona que pase por una librería.

Si tú lees, vas muy bien para que ese camino lector tenga satisfacciones. Pero las falsas y utópicas esperanzas pueden arruinarlo todo. Tenlo en cuenta porque son muchísimas las personas que pasan por la librería, verdaderamente frustradas por no conseguir que sus peques lean, a pesar de ser ellas personas muy muy lectoras. Hay varios motivos por los cuales esto puede pasar pero yo voy a hablar de:

uno| No les gusta leer lo que a ti te parece que deben leer.

dos| Están leyendo por encima de etapa lectora REAL.

tres| Es posible que se sientan presionados y/o juzgados.

Es delicado dar por sentado que los gustos de un adulto y de una niño/joven coinciden. Es posible que te resulte familiar la escena: familia en una librería, buscan lectura para su hija de 9 años y el librero recomienda títulos que, a su parecer y por las pistas que le han dado, pueden ser una buena lectura para la niña. Normalmente y cuando no sabemos exactamente qué buscamos, el librero no sólo mostrará un título sino que nos dará varias posibilidades. Seguimos con la escena. A los padres les encanta un tipo de libro concreto e insisten en quitarle de la cabeza a la niña ESE que ella prefiere. Los adultos, con buen criterio, creen que el libro que ha escogido ella no le va a gustar. Incluso, en ocasiones, lo dicen en voz alta: “ese no te va a gustar”.

Yo misma he utilizado esta inapropiada excusa para convencer a mi sobrina de algo que YO quería, no ella. Alguna vez he insistido en que un cuento concreto no le iba a gustar, que iba a gustarle más ese otro que yo tenía en las manos. No importa en absoluto si yo tenía razón o no, a veces tenemos razones de sobra pero, ¿qué más da? La lectura es el mejor sitio para equivocarse, si lo hacemos no pasa nada, no se hunde el mundo. Los errores lectores tienen una labor preciosa.

En general, es una idea arriesgada creer que vas a convencer tan fácil a una persona sobre sus gustos. Así que mi consejo es dar más importancia a las preferencias de nuestros chicos/as y tratar de no etiquetarles en tipos de lecturas. Con el cómic y la novela gráfica lo veo claramente a diario, somos reticentes a que lean dichos géneros aun cuando son adaptaciones de títulos clásicos.

El segundo caso es más habitual de lo que pensamos. Niños que leen por encima de su nivel real sólo porque les toca leer con razón a una edad concreta. Generalmente no dicen nada porque no saben cómo expresarlo y los adultos sólo nos quedamos con que “al chico no le gusta leer”. ¡Para nada! Lo que pasa es que “el chico”, seguramente, está forzándose a leer algo que no entiende o que le supera por todos lados. Quiero escribir sobre esto con más tiempo, pero ya te adelanto que no hay correspondencia exacta entre edad y nivel lector en una persona. Orientaciones, eso tenemos, nada más.

La tercera idea, en realidad, tiene mucho que ver con las dos anteriores. La presión nunca es buena consejera y mucho menos cuando un chico/a piensa que se le está juzgando por sus gustos “raros” o por su nivel supuestamente bajo con respecto a la media en su edad.

Fomentar la lectura a toda costa, siendo machacones, alabando las bondades de los libros pero nunca las del propio lector es un mal camino. Hay que dar espacios, no poner barreras inútiles que son muy fáciles de saltar. De nada sirve que nos pasemos el día diciendo: la lectura es importante, los libros son un tesoro, no hay nada mejor como un buen libro, el mejor plan para el fin de semana es leer… si luego no hacemos lo mismo con la persona que está leyendo.

Presionar y juzgar sin darnos cuenta es una de las fronteras que alzamos entre un libro y su posible lector. No esperemos más de lo que pueda suceder de forma natural, las utopías creadas por personas ajenas siempre defraudan. La utopía se crea lectura a lectura dentro del propio lector.

Si leen algo que “no es propio de su edad” no pasa nada. Si leen algo que no nos gusta pero a ellos les apasiona, podemos interesarnos, no pasa nada. Si NO leen porque de momento no quieren, tendremos que acompañar y quedarnos cerca, de vez en cuando proponer acercamientos pero sin enjuiciar ni etiquetar a nadie. No pasa nada, todo llegará. Nadie dijo que fuera fácil.

Nos vemos en la siguiente página.

Para leer

Cuatro textos adaptados, diferentes niveles de lectura y clásicos que se amoldan a las múltiples formas de leer. Cada una de ellas puede ser la ventana que abra la siguiente puerta o que suba al siguiente peldaño.

  • [1] SALTEN, FELIZ y LEBOT, SOPHIE (2017): Bambi, Jaguar Ediciones, 32p.
  • [2] JANÉ, ALBERT y MAMMOS, RAFA (2010): La Odisea, editorial Combel, 200p.
  • [3] DÍEZ, MIGUEL ÁNGEL (2010): ¿Cuánta tierra necesita un hombre?, editorial Edelvives, 88p.
  • [4] JOUVRAY, OLIVIER y ALARY, PIERRE (2014): Moby Dick, editorial Dib-Buks, 124p.

2 thoughts on “La lectura y las expectativas, una barrera inútil

  1. Reseña: Hija única – YoCuento on 11 diciembre, 2017 at 6:46 am Responder

    […] puedo irme de aquí sin decirte que me parece una de las lecturas más imprescindibles del momento. Superó con creces las expectativas que yo tenía cuando me acerqué a él, me volvió a recordar que lo inesperado es siempre lo […]

  2. […] qué hay tanta prisa? Que lean bien. Que aprendan a leer rápido. Que les apasione leer. ¿No son demasiadas y altas expectativas si pretendes cumplirlas en poco […]

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