Versos vegetales

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Imagina que abres un libro y la estancia se llena de verde, de pronto el olor a azahar estalla a tu alrededor y se mezcla con la savia de grandes robles. El espacio se va llenando de puntos de colores que abren sus cuerpos en pétalos pequeños dejando una lectura que avanza hacia un reino vivo. Imagina que cierras el libro y vuelves a estar en el salón, con la lamparita encendida, los mandos de la tv encima de la mesa, la manta encima del sofá y el gato encima de la manta.

Hay lecturas que tienen el poder de los seres vivos, con muy poco, son capaces de respirar, crecer, florecer y dar fruto para alimentar a sus lectores. Así son los Versos vegetales de Antonio Rubio, publicado por Anaya en su colección Sopa de libros.

No hay infancia que no haya leído a Antonio Rubio, casi sin quererlo o incluso sin darte cuenta, tú mismo has leído poemas de Antonio en más de una ocasión. Lo conocerás por su colección de poemas-canción editadas por Kalandraka: Pajarita de papel, Cocodrilo, Luna, Cinco… títulos que se quedan en la memoria de cualquier lector de cualquier edad.

Con Antonio Rubio no hay versos aburridos, por más corto que sea el poema, todos los convierte en gotas de paz interior. No sé explicarlo mejor, siempre que se lee a Antonio te queda la sensación de «qué a gusto estoy en sus libros» y claro, quieres que no se acaben nunca. Pues con Versos vegetales pasa lo mismo; se trata de poemas en forma de canciones, recetas, cuentos, adivinanzas y juegos que toman la forma de libro ilustrado pero como álbum ilustrado, aquí prima la palabra que se hace grande como una gran planta que busca el calor y la luz de sol. Sin querer contradecirme de esto, la verdad es que las ilustraciones que acompañan a cada poema son una primera lupa para acercarse a la palabra, su ilustradora, Teresa Novoa sabe bien cómo construir el reino vegetal que Antonio va escribiendo, sin que ello te impida dibujar tu propias imágenes a raíz, nunca mejor dicho, de las suyas

El nexo común que va hilando todos los poemas es el reino vegetal, las plantas y todo su mundo físico y de ensueño. Para mí cada planta, cada flor, va cargada de simbolismo aunque ello no tenga nada que ver con el disfrute de la lectura. Así van apareciendo el olivo, la flor de lavanda, las amapolas, árboles frutales y ramitas de romero sin un orden establecido pero cada una en el lugar correcto para saborear las recetas en que aparecen, oler los instantes en que florecen o adivinar su nombre entre un baile de letras hecho poema:

La A, anda.
La B, besa.
La C, reza.
¿Qué fruta es esa?

De este libro se dice que es una lectura recomendada para personas a partir de 8 años, y aunque todos entendemos la razón de advertir estas cosas, quédate con la idea de que es un libro para cualquier edad, ideal para armar en casa o en el aula una biblioteca sencilla pero exuberante de belleza. Cualquier título de Antonio Rubio es un acierto seguro, pero esta vez me inclino a hablarte de este título que ya no es un álbum (cuyo formato nos puede gustar más a la hora de regalar) pero es de los que van haciéndote crecer como lector y son la mar de necesarios. Búscalo en tu biblioteca pública o pídelo en esa librería de barrio que tienes cerquita de casa y en la que su librera/o te van a decir lo mismo que yo: ¿Versos vegetales? Buena elección 😉

Si quieres seguir disfrutando de este libro, prepárate porque además hoy es Viernes de jugar. Un poco más arriba tienes uno de los poemas que se pueden disfrutar en Versos vegetales, es una adivinanza muy corta pero preciosa. ¿Sabrías resolverla? Te leo en instagram si te apetece darme la respuesta

Con la buena poesía no se acaba nunca de vivir, de reír… no dirás que no lo avisé, quédate por aquí cerquita y sigue leyendo. ¿Has visto qué bien huele la margarita?

Nos vemos en la página siguiente.

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