Henry David Thoreau

El silencio es un refugio universal

Todo puede dividirse en dos mitades, como poco. Una de mis grandes aficiones es separar el silencio del ruido, si es que esto es posible en algún caso. Para adentrarme en esta empresa tan absurdamente maravillosa he sacado de la estantería un álbum ilustrado muy sugerente, se titula Animales que hacen cosas en silencio (Ed. Kalandraka) y de mi viaje a través a de sus páginas voy a darte buena cuenta. 

Si por fuerza mayor tuviese que partir la vida en dos, cortaría por esa delgadísima línea que separa la vida real de la onírica. En mis manos quedaría una parte en silencio y la otra llena de ruido: para mí los sueños representan el silencio y la vida que ocurre cuando “despiertas”, es decir, todo lo demás es ruido. 

Y esta forma de pensar es importante antes de hablar de este cuento-álbum ya que la historia no transcurre en el mundo real, sino en el de los sueños. Allí, se llora en silencio, se cose en silencio, se canta en silencio… 

Animales que hacen cosas en silencio no es un cuento al uso, aunque su belleza invita a prestarlo para cualquier edad, te aconsejo que guardes sus páginas para edades más avanzadas. No quiero decir por ello que se mantenga este título lejos de los peques, ¡nada más lejos! Pero, si comienzas a leer esta historia, enseguida te darás cuenta de que no está escrita para niños y niñas de 4 o 5 años. 

Me imagino una sesión de lectura con personitas de esa edad y sé que desconectarán en la tercera página, no porque sea mal cuento sino porque está escrito para sumergirse a una profundidad que niños tan pequeños no tienen, generalmente (por suerte). 

Un viaje hacia abajo

Como si fuese un viaje al centro de la tierra, el lector va cayendo hacia abajo por el hilo de una trama llena de una naturaleza exótica, llena de animales que nunca hacen lo que se les supone en el mundo real 

Es complicado hacer una sinopsis de este título, un relato contado por Lolita Bosch, en el texto, y paralelamente contado por Rebeca Luciani, en las ilustraciones. 

La lectura te llevará de viaje, bajando con la mirada a través de las palabras como si fueras en un ascensor. Desde el cielo hasta la tierra, desde las estrellas hasta el mar, desde la vida hasta la muerte, todo será puesto ante el lector de forma repetitiva pero bella. Leerás poesía, que no por fuerza tiene que rimar, sino mecerte en una sonoridad especial y eso lo consiguen brillantemente su autoras. 

La concentración para leer este poema vertical debe ser la máxima posible. Yo cometí el error de acercarme a él sin tiempo y resultó una lectura agónica, de la que no entendía nada y cuyas escenas me provocaban indiferencia. 

Así que hice silencio.  

Entonces comenzaron a brotar las ideas, las semejanzas con los sentimientos más humanos leídos en el comportamiento de los animales y de la naturaleza. Supe que tenía tiempo para apuntar mi visión del poema, que éste no se leía con prisas sino despacio y en silencio. 

Tiene su lógica, ¿verdad? Un cuento que atina a llamarse Animales que hacen cosas en silencio, te invita a que tú, como lector y lectora, seas el primer animal que hace algo en silencio: leer. Soñar. Sentir. 

Me resulta también lógico que la historia sólo avance cuando se hace el silencio, que mientras el ruido permanece en la acción, ni el texto, ni la ilustración hacen que la trama progrese. 

Hacerse preguntas en silencio y responderlas haciendo mucho ruido

Una vez que cruzas la línea del mundo imaginario, las metáforas son el punto de inicio hacia infinidad de preguntas y las onomatopeyas son un reclamo a la acción. 

En esta lectura, lo verdaderamente importante es jugar con la mente. Aparecer en los recodos de cada pensamiento, en los pliegues de nuestras articulaciones, allí donde no te atreves a ir con tus preguntitas y tus dudas… ¡ahí te lleva este poema!

Por lo general, este tipo de lectura tan introspectiva nos permitirá (sin forzarlo) sumarlas con otras lecturas y que den como resultado una crítica formada de la sociedad. Desde nuestro interior hacia afuera, así es como podemos leer para luego actuar, si se quiere. Y verás que no ando muy desencaminada porque, si te animas a una relectura de Animales que hacen cosas en silencio, notarás un leve aroma a crítica social, a toda la deshumanización de nuestros actos, de cómo lloramos sin lágrimas, de cómo mueren las personas ante la indiferencia de otras, de cómo arrastramos la naturaleza hacia nuestros intereses como ese pulpo (que hace de carroza fúnebre) arrastra a los peces muertos. Mil detalles nuevos con cada lectura. 

Finalmente, este cuento-poema, tiene varias capas. Dependerá de la experiencia del lector quedarse en una capa más superficial o seguir ese viaje hacia abajo. Se puede disfrutar de esta lectura perfectamente a partir de los 10-12 años (aunque odio poner edades concretas) pero, cuanto mayor sea nuestra veteranía en esto de vivir, se podrá disfrutar de ella con distintos enfoques. 

Sólo me queda esperar que te haya picado la curiosidad por leer. 

¡Nos vemos en la siguiente página! 

Otras lecturas

  • [1] D’ORS, PABLO (2016): Biografía del silencio, Madrid, editorial Siruela, 116p.
  • [2] ISERN, SUSANNA y LUCIANI, REBECA (2012): Kiwi: Un pájaro más bien raro, Huesca, ediciones La Fragatina, 32p.
  • [3] MAR G., ALEJANDRO (2016): Los efecto que produce el silencio en el cerebro, artículo en Cultura Inquieta.
  • [4] SARAMAGO, JOSÉ (2010): El silencio del agua, Barcelona, editorial Libros del Zorro Rojo, 34p.
  • [5] IBÁÑEZ LÉRIDA, PEDRO LUIS (2017): John Berger: la afirmación del silencio como ser poético, artículo en La Galla Ciencia.

One thought on “Animales que hacen cosas en silencio

  1. Reseña: KOROKORO – YoCuento on 14 noviembre, 2017 at 6:25 am Responder

    […] me sucedió lo mismo en la reseña de Animales que hacen cosas en silencio, me cuesta encontrar las palabras adecuadas que despierten el interés en esta lectura. Parece que […]

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