Napoleón Bonaparte

¡Soldados, desde lo alto de esas pirámides, cuarenta siglos os contemplan!

No suelo dejarme llevar por la cubierta de un cuento pero ese cocodrilo pedía a gritos una oportunidad. Lo saqué de la biblioteca con muchas dudas pero ha sido uno de los mayores aciertos en mis lecturas de LIJ de estos últimos meses. ¡Allá vamos!

Cuando un cuento carece de moraleja, de etiquetas, de clasificaciones, de corrección, de modales e incluso de humildad, ¿qué nos queda a los lectores? Fácil: DIVERSIÓN. Justo lo que le sobra a raudales a este título que, para mi pena negra, se encuentra descatalogado (al menos, no disponible en la editorial, por lo que veo en su web) por sus editores de Juventud. Aún así, voy a hablarte de este cocodrilo vanidoso (y desgraciado a partes iguales) porque supone una lectura fresca y original, digna de buscarse y poder encontrarse en esos paraísos terrenales y públicos que hemos tenido a bien llamar Bibliotecas. 

Si buscas una historia que te aleje de la rutina, si tienes ganas de tostarte al sol de El Cairo, si la apatía no existe para ti y eres de apetito fácil, no lo dudes, este cuento es para ti. Bienvenido a Yo, cocodrilo, de Fred Marcellino, publicado en Editorial Juventud. 

Como las rúbricas más importantes de la Historia, el protagonista de esta aventura firma con la grandeza de un emperador o un faraón. El autor lo deja claro, no estamos ante un cocodrilo normal. Si te detienes unos segundos en la imagen de cubierta: ¿qué demonios hace un cocodrilo sentado en una cafetería, leyendo la carta de un menú al revés y con cara de asustado? 

Sólo con mirar la cubierta corres el maravilloso peligro (tal como me pasó a mí) de enamorarte por completo de este cuento. Las ganas de querer conocer su historia fueron más poderosas que otras opciones, la mar de tentadoras, de la biblioteca. 

La trama no puede ser más sencilla: un majestuoso cocodrilo del Nilo vive sus días cazando para comer (desayunar, almorzar, merendar, cenar, picar entre horas…) y gustándose a sí mismo. Sobre todo gustándose a sí mismo. Los días transcurren en paz hasta que llega Napoleón con una banda de matemáticos, investigadores, científicos, arqueólogos… para estudiar saquear los tesoros de la cultura egipcia. Llegan para apoderarse de todo y entre sus excentricidades, ¿qué puede interesarle a Napoleón? Efectivamente, un cocodrilo. 

ilust. Fred Marcellino - Yo, cocodrilo - Ed. Juventud

El general Bonaparte ordena trasladar un cocodrilo de Egipto a París, por lo que a nuestro protagonista lo embarcan rápidamente en una de las naves francesas, rumbo a la ciudad de la moda del siglo XVIII. 

Cabe decir que el mayor disgusto del cocodrilo es que NO le alimentan bien y tiene hambre, pero parece que le va pillando el gusto a la vida en París y a ser la estrella del momento. Vive en una gran fuente y es la atracción de la sociedad parisina. Todos quieren ver al exótico cocodrilo egipcio, desde niños hasta mayores, desde el más pobre hasta el más pertrechado de la alta sociedad. Sin embargo, la moda y el éxito son mundos totalmente fugaces y así como subes, bajas. Evidentemente, nuestro amigo reptil dejó de ser la atracción de la ciudad. Ya nadie le visitaba, ya nadie le daba de comer, ¡¡incluso se le proponía como ingrediente principal para un pastel de cocodrilo y cebolla!!  

Obviamente, el cocodrilo de Napoleón debía huir de su fuente y el mejor lugar para resguardarse serían las alcantarillas de París. Pero, ¿lo conseguirá? ¿Cómo hará para librarse de ser el manjar del extravagante Bonaparte?

Al principio de esta reseña mentí cual canalla. En realidad, este cuento es una ventana abierta a las mentes más curiosas, pues conforme te adentras en sus páginas vas reconociendo detalles sobre los que puedes buscar más, saber más, aprender más… aunque todo queda difuminado por una atmósfera divertida. Una vez leído y disfrutado (todo sea dicho) como una niña pequeña, la historia me ha guiado al pasado: a querer saber más sobre aquella “incursión” napoleónica en Egipto y de noticias reales sobre las alcantarillas de París. ¿Sabías que se encontró un cocodrilo en sus túneles subterráneos en el año 1984? 

Más allá de leyendas de alcantarilla, lo cierto es que el hallazgo más importante de esos viajes a tierras egipcias fue la Piedra Rosetta. Hallada en 1799 por el oficial Bouchard, tras ser derrotados los franceses en 1801, la piedra se trasladaría a Londres, donde actualmente puede verse en el Museo Británico… del cocodrilo no tengo noticias por el momento, pero “seguiremos informando”. 

Te cuento todo esto porque a partir de Yo, cocodrilo hay mucho más de lo que te he contado al principio. Si no te interesa lo más mínimo Napoleón (cosa que no pienso censurar) este álbum te va a cautivar por las expresiones tan “humanas” del personaje principal, también por la originalidad de sus diálogos, por el orden de la narración, ya que muchas de las páginas están divididas en “viñetas”, haciendo muy fácil la lectura. El protagonista tiene tanto carisma que no hace falta más. Nada más. 

Te animo a que busques este álbum en tu biblioteca porque merece la pena. No hay nada como encontrar lecturas tan llenas de buen rollo.

Nos vemos en la página siguiente.

Otras lecturas

  • LETÉN, MATS y BARTHOLIN, HANNE (2009):  Finn Herman, Libros del Zorro Rojo, 28pp.
  • ROLDÁN, GUSTAVO (2015): El río de los cocodrilos, A Buen Paso, 48pp.
  • SFAR, JOANN (2010): El señor cocodrilo está muerto de hambre, Ponent Mon, 70pp.
  • ZOBOLI, GIOVANNA y DI GIORGIO, MARIACHIARA (2018): Profesión: cocodrilo, Pípala (Argentina), 32pp.
  • ROMÁN, JOSÉ CARLOS y DOMENICONI, PAOLO (2016): Piel de cocodrilo, editorial La Fragatina, 36pp.
  • FAGAN, BRIAN (2005): El saqueo del Nilo. Ladrones de tumbas, turistas y arqueólogos en Egipto, editorial Crítica.

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