Ana María Matute

El mundo hay que fabricárselo uno mismo, hay que crear peldaños que te suban, que te saquen del pozo. Hay que inventar la vida, porque acaba siendo verdad

La vida puede ofrecer algo más, pero ¿cuánto más? La imaginación interviene, jugando un factor increíble, en esta aventura difícil de contar pero fácil de creer. ¿O al revés?

Si hablamos de Maurice Sendak, todo puede pasar. Hay una premisa con este autor que ela de liberarse de las normas para dar paso a un juego constante de imágenes con palabras.  

Desde 1967 hasta hoy, ha llovido lo suficiente como para que este cuento estuviera olvidado. La firma de un clásico no te asegura el éxito, sin embargo, la protagonista de esta historia sabe cómo ganarse al lector. Hoy recorremos las páginas de ¡Dídola pídola pon! o La vida debe ofrecer algo más, de Maurice Sendak, publicado en 2010 por Kalandraka. 

El origen de las historias que más calan dentro de una persona, en su etapa más temprana, suele estar en lo cotidiano que se convierte, como por arte de magia, en algo extraordinario. Las historias de Sendak no son una excepción a este respecto y, cómo no, aquellos adultos (contemporáneos) que rechazaron su obra sufrieron la cólera del destino, con generaciones enteras de niños y niñas entusiastas de este autor. 

La empatía de Sendak con los más pequeños no es forzada, sencillamente el ilustrador recurre a sus recuerdos de infancia, a sus deseos más ocultos mientras fue niño, sus miedos… contándolos sin complejos ni tapujos. A todas las niñas y niños nos gusta que nos hablen de tú, a la misma altura: jugando pero con la seriedad que requiere el juego, imaginando hechos que ningún adulto ya se cree. Para un niño, que Maurice Sendak escribiera alguna obra dedicada a su mascota, Jennie, no es extraño; que Jennie viva sorprendentes aventuras, resulta imprescindible y real. 

De hecho, son muchos los autores que escriben inspirándose en su mascota, aunque algunos con más acierto que otros. No puedo evitar acordarme de Beatrix Potter, cuyo imaginario lograba atraparme por completo. La autora se inspiró en su mascota para crear a Peter Rabbit, en 1902, dotándole de una vida autónoma, con mayor ternura e inocencia de la que el mundo tiene con estos animales. 

¡Dídola Pídola Pon! Tiene un poco de todo lo dicho antes: locura, diversión, aventura, inocencia. Por otro lado, esta obra tiene otras muchas cualidades de las que aún no te he hablado. ¿Seguimos? 

detalle ilustración "¡Dídola Pídola Pon!" - Maurice Sendak (ed. Kalandraka)

La perrita Jennie lo tiene todo en la casa de su amo, no se preocupa de nada, es feliz y le dan todo el amor que necesita. A pesar de todo, ella piensa que la vida puede ofrecerle más. Un buen día decide recoger sus cosas en una maleta y buscar su vida por el mundo. La valentía de Jennie sólo tiene comparación con su voraz apetito. A partir de aquí, la trama va transformando el devenir de la perrita llevándola de un lado a otro, de un reto a otro. 

Nada más comenzar su aventura, Jennie se encuentra con un cerdito, anunciando el próximo show del Teatro Mundial de Mamá Oca, este espectáculo busca primera dama para su obra. Ser primera dama en el Teatro Mundial de Mamá Oca es un privilegio reservado sólo a damas con experiencia.  ¿Tendrá Jennie la suficiente experiencia como para conseguir ese papel en el teatro? 

El cerdito no será el único personaje que se cruce en su camino. Lo curioso es que cada uno de ellos representará un obstáculo para Jennie. Como todos los buenos obstáculos, estos enfrentarán a Jennie a sus propios miedos, liberando su camino. 

detalle ilustración "¡Dídola Pídola Pon!" - Maurice Sendak (ed. Kalandraka)

Confieso que es una historia que olvido mencionar cuando hablo de los libros de Maurice Sendak, claro está… hasta ahora. Una vez leída y disfrutada ya no puedes olvidarla porque mezcla aquellos ingredientes necesarios para mantenerte enganchado a le lectura. Te cuento una anécdota: apenas había comenzado a leer esta historia cuando decidí contársela, resumiendo algunos detalles, a mi sobrina de 7 años. Sabe leer y ella podría disfrutarla tanto como yo (o más) pero ese no es el caso, la cuestión es que mi sobrina se enganchó a la trama al primer giro inesperado que le vida le daba a Jennie. 

Las ilustraciones, al estilo victoriano, captaban la atención de mi sobrina mientras yo la iba contando la historia. ¡No leyéndola, sino contándosela! Hay una diferencia significativa entre leer y contar. Sin embargo, las ilustraciones no bastaban, había que entender cada palabra para hacerse una idea de la situación que estaba viviendo la perrita. Sendak crea una simbiosis perfecta entre imagen y palabra, no pudiendo existir la una sin la otra. Pocos autores e ilustradores hay que consigan esto tan nítidamente. 

A pesar del entusiasmo que despiertan estos cuentos en los niños y niñas, la realidad es que no son cuentos “happy”. Todos presentan sentimientos muy escondidos, casi oscuros. No es nuevo, Maurice Sendak tiene un lado “chungo”. Su genialidad consiste en saber usarlo con brillantez para obtener valores, ni buenos ni malos, esenciales para un completo dominio de nosotros mismos. Me gustan las historias que me ayudan a conocerme poniéndome más preguntas encima de la mesa: ¿la vida puede ofrecer algo más? 

Precisamente es esa cualidad de cuento poco “happy” (entendedme) la que enamora de ¡Dídola Pídola Pon! En su complejidad radican las risas que te provocan los diálogos o las situaciones disparatadas de todos los personajes. Al fin y al cabo, este cuento habla de algo tan complicado como aquello que describe Ana María Matute: «fabricarse la vida». Y este hecho vale igual para la infancia que para la madurez de nuestras vidas. Da igual cuántas cosas tengas, cuando eres tú quien fabrica tus propios peldaños, el mundo acaba por hacerse real.

No quiero dejar de recomendarte este cuento nunca, la verdad. Así pues, no sé qué esperas para correr (con precaución, mirando a los dos lados de la calle antes de cruzar) a tu librería más cercana o lejana, aquella en la que te sientes como en casa, para comprar ¡Dídola Pídola Pon! o La vida debe ofrecer algo más. Yo me lo llevé de Llibres Chus (Alicante)durante unas jornadas sobre LIJ que se organizaron en la Biblioteca Municipal de Alicante. Ana Garralón nos habló tanto, y con tanto detalle, de la obra completa de M. Sendak que no pude resistirme. 

Podría quedarme eternamente hablando de este cuentecillo maravilloso, pero prefiero comentarte que, mientras leo ¡Didola Pídola Pon! por quinta vez, estoy comiendo un rico flan.  

El flan me recuerda a una de las anécdotas que Jennie vive siendo la niñera de la Nena. Si estás suscrito al Boletín te llegará in-clu-so la receta, así que ‘no panic. Espero que te suscribas si aún no lo estás, espero que leas esta historia y espera que descubras cuánto más y mejor puede ofrecerte la vida. 

Nos vemos en la siguiente página. 

Otras lecturas

  • | 1 | ELSCHNER, GÉRALDINE y NILLE, PEGGY (2014): El gato y el pájaro, ed. Juventud, 28pp.
  • | 2 | SQUILLONI, ARIANNA y CASTAÑO MESA, SAMUEL (2019): El viaje del calígrafo, ed. Juventud, 40pp.
  • | 3 | RADICE, TERESA y TURCONI, STEFANO (2017): Lila Trotamundos, Dibbuks, 134pp. (+12 años)
  • | 4 | SENDAK, MAURICE (2014): La cocina de noche, Kalandraka, 40pp.
  • | 5 | SENDAK, MAURICE (2015): Al otro lado, Kalandraka, 42pp.
  • | 6 | GRANERO, NONO (2017): Carolo se va, ed. Libre Albedrío, 44pp.
  • | 7 | DAVIES, NICOLA y RAY, JANE (2019): Colibrí, ed. Milrazones, 32pp.

Kalandraka

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