Cuentos del bombín

Clavel

El día en que los claveles se suicidaron corría el año nosécuántos en la ciudad de nointeresa. Aligeré el paso porque llegaba tarde; que lloviera y no tuviera paraguas era algo soportable. Al pasar por debajo del balcón lo vi. Me paré y levanté la mirada hacia las[…]

Sombreros

Yo quiero tener un sombreroque me cuente las historias que lleva dentro. Yo quiero tener un sombrero,en el ancho de su ala tumbarme y volar lejos. Yo quiero tener un sombreropara que despunte en la noche por los senderos. Yo quiero tener un sombreroy ser[…]

Regaliz

Cada tarde, durante el camino del sol hacia su puesta definitiva, Gus se prepara para salir de casa. Duerme cuando los demás agitan sus frenéticas vidas y trabaja cuando las voluntades se adormecen. Es hombre de campo, sencillo, rutinario y con dosis elevadas de optimismo. Vive en la ciudad aunque ésta le trae sin cuidado.

Hielo

El pasillo no tiene ni un metro de ancho, si hago presión con las manos en ambas paredes podría subir unos cuantos metros hacia el supuesto techo, pero nunca lo he intentado. Delante de mí está la puerta. De madera, sin barniz, con una moldura en el centro que describe un rectángulo en el centro.

Cristal

Limpiar la cristalería de casa cada Navidad es tan sagrado como puede serlo beber buena cerveza en Munich. La abuela lo hacía dos veces al año, una en mayo por razones de festividad del pueblo y otra en diciembre. Yo lo hago una vez.

La abeja miedosa

Perica,que así se llama porque pica,salió al campoy de flor en flor el néctar fue recolectando.  No podía relajarsepues el cielo oscuro estaba aquella tarde.Sonaba a tormentay Perica, con taquicardia tremenda,voló hacia la pradera.  «¡Que los truenos me dan miedo!¡Que los truenos mucho suenan!¡Que los[…]

Cuerdos

El sol levantó el telón de la nochey, todavía cansado,despertó el granjero.Enseguida supo del errorpues al lado de la ventanano estaba el gato, sino el cerdo. Se vistió con mucho frío,los pantalones medio rotosy la camisa de faena.Cuando llegó al establoya no había vacas¡eran todo[…]

Coral

Al lado  del pino sin piñas del lago dorado del bosque del mundo que no conocemos, se encontraban dos ciervos luchando por razones desconocidas. Ambos ciervos, compañeros de paseos y largas tertulias, peleaban con brutalidad chocando sus fuertes cornamentas. De todos los rincones del bosque llegaron animales, alertados por los ruidos.

Abies

Nadie sabe cuándo empezó el desastre: los vecinos culparon al alcalde, el alcalde culpó a los granjeros, los granjeros a los animales y los animales, hartos ya, apenas querían quedarse a pasar aquí el invierno.