¿Por qué leer poesía con niñas y niños?

 “La poesía permite que los maestros enseñen a sus alumnos cómo escribir, leer y comprender cualquier texto. La poesía puede dar a los estudiantes una salida sana para dar cabida a sus emociones” | Andrew Simmons, profesor de literatura

Creo que he postergado esta pregunta demasiado tiempo, pero mira hoy vengo a bocajarro. Lo he postergado primero porque las respuestas son redundantes, lo que vas a leer es solo es un eco más de todo lo que hay en otros medios (o no), y segundo porque existen preguntas que parecen obvias de contestar (o no). ¡¡Pero este es el día!! Ni lo primero ni lo segundo son motivos suficientes para silenciarme (léase en tono épico).

Y es que hay que decirlo más, que la poesía es uno de los mejores medios para acompañar en la lectura a niñas y niños around the world. Sí, niñas y niños pequeños e incluso prelectores porque es algo curioso: las nanas, las canciones rimadas, los juegos en forma de pequeño poema (hay mil ejemplos de esto) son muy habituales con bebés. Estimulan, calman, alegran… la voz de mamá, papá o abuelos es el mejor narrador para un bebé, no hay sustitución que la mejore.

Si embargo, cuando llegan a edades de lectura autónoma, poco a poco, les vamos quitando las ganas y las oportunidades para leer y escuchar poesía. ¿Infantil? Llámenla como quieran. Poesía en todo caso. Lo que quiero decir es que me resulta hasta cruel enseñarles algo tan potente y maravilloso cuando nacen para luego arrebatárselo cuando tienen la oportunidad de descubrirlo por sí mismos.

Negarles la poesía a los niños y niñas es quitarles un poco de su capacidad pensamiento.   

Por ello, da igual cuántas veces lo digamos, cuántas listas hagamos sobre las bondades de leer poesía con nuestros hijos o con nuestro alumnado, siempre serán bienvenidas y necesarias. Ni qué decir tiene que esta pregunta puede hacerse más general e intercambiar el género lírico por otro, las respuestas cambiarían pero no el sentido ni la intención.

Así pues,

¿Por qué leer poesía?

1 – Porque alimenta las ideas a través de la fuerza visual de las palabras, avivando su imaginación. La poesía les ayuda a sacar la esencia de las palabras, a convertirlas en imágenes, en posibilidades (porque una palabra en un poema puede tener mil usos, mil significados, mil sentidos e infinitas sensibilidades). La imaginación se enriquece como una gran bola de nieve que va alimentándose de más nieve ladera abajo.

2 – Porque adquieren mayor vocabulario y, además, aprenden a conectarlo mediante la rima. Si leer un cuento ya nos está abonando el lenguaje, leer poesía (permitidme) es el mejor fertilizante. La conexión entre palabras, entre sonidos, es una invitación a buscar muchas más conexiones. La rima, el pareado que nos parece tan sencillito y tan machacado (a veces), se convierte para ellos en algo nuevo, divertido. ¡Suena bien y suena casi igual! Curioso oso con un sueño escandaloso. (Construye frases así, improvisa y verás el resultado).

3 – Porque escuchando o leyendo en voz alta se estimula su sentido de la musicalidad. Aunque corrijo que no hace falta leerla en voz alta para acostumbrar al oído a esa música poética. Escribir poesía es un poco como escribir música, hay reglas y normas pero también se deja espacio a la libertad de creación. Lo normal es que al principio se comience por leer poemas con rima, puesto que son fáciles de entender, de memorizar incluso, se quedan mejor en nuestro recuerdo.

4 – Porque la mente se abre a la emoción y expresión libre. ¿Hay algo más emotivo, más propio, que un poema? No hay que tenerle miedo a que un peque se emocione con un texto: sorpresa, intriga, miedo, calma, alegría desbordada, atolondramiento… leyendo poesía con ellos podremos mostrarles que no hay barreras a la hora de expresarse tal y como son. 

5 – Y por último, pero lo dejo para el final porque es LO MÁS IMPORTANTE, la poesía es un juego. Sí, como lees, un buen poema es puro juego y como buen juego hay que tomárselo muy en serio para poder destriparlo, colorearlo, teatralizarlo, dibujarlo, derribarlo y volverlo a construir. Todo lo que se te ocurra es válido para jugar.

Sinceramente, creo que en algún momento de las vidas de nuestros niños y niñas, les quitamos inconscientemente la poesía porque a nosotros mismos nos da miedo. Y nos da miedo porque no la entendemos. Nos cansamos porque cuesta trabajo encontrar momentos de lectura interior para nosotros mismos. Así alejamos a aquellas nanas que nos cantaban, aquellas adivinanzas que tarareábamos con la abuela… ojalá que eso no pase, o pase menos, y sepamos encontrar en la poesía la valentía de ser día a día.

Y hasta aquí la turra de hoy. Cojan aire porque no será la última.

¡Nos vemos en la página siguiente!

Otras lecturas

  1. DELBOY, FLORENCIA (2018): Soy un jardín, ed. Periplo.
  2. DA LUA, NINA y CAPDEVILA, GEMMA (2016): Silencia, Fragmenta Editorial, 40 pp.
  3. selección de BENEGAS, MAR (2013): 44 poemas para leer con niños, Litera Libros, 64 pp.
  4. BENEGAS, MAR y GURIDI (2014): ¡A lo bestia!, Ed. Litera Libros, 48 pp.
  5. KORAÏCHI, RACHID (2017): Prodigios, Ed. Libros del Zorro Rojo, 144 pp.
  6. BOCH, LOLITA y LUCIANI, REBECA (2015): Animales que hacen cosas en silencio, Faktoría K de Libros, 48 pp.

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Reseña: Más allá

Jefe Indio Seattle

El hombre no ha tejido la red de la vida: es sólo una hebra de ella. Todo lo que haga a la red se lo hará a sí mismo.

Vivimos en equilibrio sin ser conscientes de la fragilidad que nos mantiene. Somos funambulistas encima de una cuerda resistente pero fina e inestable, ¿qué pasa si caemos? ¿Vivimos confiando en una buena caída? 

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Reseña: Prodigios

Ibn Arabí

Yo milito en la religión del amor, cualquiera que fuere el sendero que hallaren sus camellos.

De lo más bajo a lo más alto de un universo que no conocemos, del misterio de cada silencio a los gritos exacerbados del guerrero. Vivimos Historia y Arte, o de tiempo y espacio. ¿Qué hacemos con nuestro tiempo? ¿Qué hacemos con el espacio que nos rodea? 

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Reseña: Mundo Urraca

Jean-Paul Sartre

El hombre está condenado a ser libre, ya que una vez en el mundo, es responsable de todos sus actos.

Tantas veces que creemos estar en otros mundos, tantos kilómetros que recorremos de ida y otros tantos de vuelta, todo para que un día nos pongamos del revés y comprobemos que lo conocido es sólo un espejismo. 

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Lo que la Navidad me enseñó sobre la lectura

Honraré la Navidad en mi corazón y procuraré conservarla durante todo el año.
| Charles Dickens

¿La Navidad nos cambia? Siempre he creído que cada uno es como es y, en estas fechas, no cambiamos sino que toca hacer cosas distintas al resto del año. La Navidad nos «obliga» a hacer cosas que no hacemos normalmente. Alegrarse sin motivo aparente, descansar, regalar, estrenar un nuevo año y reunirse con amigos o familiares (aunque no les veas más que esas fechas). Todo eso es lo extraño en este mundo. Y por eso hay gente que odia la Navidad o la ama.

No siempre estamos dispuestos a parar y mirarnos más detenidamente, a veces no nos reconocemos a nosotros mismos y otras veces no reconocemos a los demás. Nos forzamos a cosas que (en ocasiones) nos incomodan y lo forzado no siempre sale bien. 

Los años en lo que tuve la suerte de ser librera me ha cambió la vida por completo… sobre todo en Navidad. 

Diciembre no es el mismo mes que yo vivía en mi juventud, el mismo mes de descansar, quedar mil veces con los amigos, comprar los regalos de mi familia o, simplemente, pasar la tarde leyendo. Cada Navidad ha sido distinta y me ha mostrado su lado más comercial. Lógico. Mis horarios de trabajo se han extendido de tal modo que apenas he tenido tiempo para pasear, quedar a comer sin tener que decir “yo me tengo que ir ahora mismo, que tengo que abrir la tienda” y no digamos tumbarme y leer a mis anchas. 

No cambiaría nada de todos estos años pasados. Gracias a la librería vivo la ilusión de saber la forma en la que se cuelan los libros y cuentos cada noche del 24 de diciembre y 5 de enero. Soy una privilegiada porque detrás del mostrador se viven las mejores experiencias lectoras, no sólo en Navidad, pero especialmente en estas fechas. Después de diez años de experiencia, me animo a escribir sobre lo aprendido. Es curioso cómo cambiamos nuestros gustos y hábitos ante las lecturas que compramos/regalamos en Navidad. 

Y es que se compra de forma distinta, nos cambian las prioridades y tratamos de modo extraño a los libros. Será que con las luces navideñas alumbrando las calles se distorsiona la perspectiva y, aunque los cambios no son negativos en sí mismos, resulta conveniente tener claras las ideas. 

Para que no se me vaya la cabeza ni olvide lo importante, comparto contigo las ideas principales que he aprendido durante mis años libreros cada vez que llega diciembre. Ho! Ho! Ho!

Uno | La Navidad no va de acumular

Lo más novedoso, lo más original, lo más recargado, lo más bonito, lo que más está de moda, más grande, más más más… Ese espíritu materialista de la Navidad nos hace querer siempre “lo más” en todo. Cuando regalamos cuentos o libros buscamos que sean lo nunca visto, y te prometo que la verdad de los cuentos está en la sencillez. Hace poco leí una reflexión que decía que cuantas menos cosas haga un juguete, más cosas tendrá que hacer la imaginación. Pensé que no sólo es aplicable al juego, también a la lectura.

Dos | El precio nada tiene que ver con la lectura

A raíz de lo dicho anteriormente viene el tema del precio. Es curioso pero los libros que en otra época del año nos parecen carísimos ahora nos saben a poco. Todo cambia en la escala de valores y el precio se convierte en un indicador de: “lo que está bien regalar” y “lo que es poco para regalar». Voy a generalizar aunque no deba: somos muy bobos cuando sentimos que un libro o cuento es poca cosa solo porque es barato.

Nunca el precio de un libro es sinónimo de nada. Esta máxima funciona para bien y para mal, así que, por favor, regalemos aquella lectura que sea buena, adecuada, provocativa, divertida, bonita y bien editada; esas cosas no tienen nada que ver con el precio en más ocasiones de las que piensas. 

Tres | Es falso que solo quieran juguetes

Falso muy muy falso. Creemos que quieren juguetes y sólo juguetes, pero solo lo parece. Seguramente, el día de Reyes o de Navidad, el cuento pase desapercibido frente a todos los juguetes que acaban de abrir. Si en el árbol hay algún cuento lo mirarán por encima y… a otra cosa. Por eso creemos que no les hace ilusión. El libro es el regalo que espera pacientemente a que pase la euforia del momento. La espera merece la pena porque los libros se quedan con ellos para siempre y da igual si los leen al día siguiente o después de dos meses.

Yo todavía recuerdo los libros y cuentos que me traían los Reyes Magos, no solo se convertían en compañeros durante todo el año sino que los reconozco como maravillosos primeros peldaños sobre los que comenzar mi camino en la lectura. ¿No te pasa a ti lo mismo? Seguro que sí. Entonces, no subestimes el poder de un libro y confía en que a ellas/os les pasará igual.

Cuatro | La coherencia hace Navidad todo el año

De nada vale regalar cuentos ahora si luego no seguimos leyendo con la misma pasión e intensidad. No siempre se podrá comprar, para eso están las imprescindibles bibliotecas, para alimentar la inquietud lectora de cada persona, sin importar nada más. El fomento de la lectura es un camino continuado, si solo aparece en Navidad… se convertirá algo que no llega a satisfacernos del todo ni a adultos ni a pequeños.

Poco más que decir. Mi consejo es que no tratemos a la lectura del mismo modo en que tratamos a otros objetos de consumo. Esta es una reflexión que escribo para no olvidarla yo, pero que comparto contigo por si puedes mejorarla, por si quieres corregirme en algo o por si deseas aportar tu punto de vista.

La Navidad, como bien me dicen por instagram, saca todo lo que el resto del año tenemos guardado. Pues bien, ojalá saquemos lo silenciado para gritarlo a los cuatro vientos, que no tengamos miedo a creer en la imaginación, que esperemos cambiar y que todo pueda volver a empezar como empezó para el señor Scrooge en la historia favorita de Charles Dickens, Canción de Navidad

Feliz Navidad para todos, que cada lectura cuente y sea luz. En serio, que haya tanta luz que siempre parezca Navidad

Nos vemos en la página siguiente.

Otras lecturas

  • VV.A. (2015): Cuentos de Navidad. De los hermanos Grimm a Paul Auster, Alba Editorial, 624 pp.
  • DICKENS, CHARLES (2017): Canción de Navidad, Alianza Editorial, 128 pp.
  • KILLEN, NICOLA (2017): El reno de Navidad, ed. B de block,
  • CHEN, CHIH-YUAN (2008): La mejor Navidad, editorial, editorial Thule, 40 pp.

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Imagen de cabecera: Fröhliche Weihnachten (Feliz Navidad), de Fritz Zeymer. 1910.

Reseña: Hija única

Casi nunca un relato es como te lo esperas, como casi nunca la misma senda nos deja pasos exactamente iguales. Todo cambia de lugar con sólo desviar un poco la mirada, y seguramente sea eso lo que nos hace perdernos en caminos que, en principio, conocemos de sobra.

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Jóvenes pero clásicos

«¿Por qué a los jóvenes no les gusta leer clásicos?« 

Cuando eres librera y, de pronto, te encuentras con que un cliente te suelta esa pregunta… digamos que no sabes qué cara poner. En realidad es una pregunta que suelen hacerme desde diversos flancos. Lo primero que se me ocurre es pensar que a los jóvenes les gusta leer clásicos tanto como los adultos; si un lector joven se aburre leyendo clásicos: no le estás dando el clásico que debería leer o no se lo estás ofreciendo del modo correcto. Así de simple.

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Reseña: SIN FRONTERAS

Margaret Atwood

“¿Por qué tiene la sensación de que se ha traspasado una línea, de que se ha transgredido una frontera? ¿Cuánto es demasiado? ¿Cuándo se ha ido demasiado lejos?”

Cuando tomamos una cierta altura, cuando tenemos la oportunidad de tocar las nubes con los dedos y miramos hacia suelo firme nos damos cuenta de que la Tierra tiene un manto que luce de todos los colores. Sólo entonces reparamos en que esa es nuestra única bandera. 

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La lectura y las expectativas, una barrera inútil

Voltaire

Nunca vivimos; siempre estamos en la expectativa de vivir.

Hace no tanto tiempo los oficios se heredaban, pasaban de generación en generación dando lugar a largas sagas de barberos, por ejemplo, fotógrafos, abogados, ceramistas… y la lista podría ser tan extensa como aburrida. Antiguamente, las expectativas laborales que recaían en los hijos tocaban todos los oficios, pero algunas veces estos se resisten a la (auto-)imposición.

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Reseña: Lunámbula

Albert Einstein

La mente que se abre a una nueva idea, jamás volverá a su tamaño original.

Creemos que por la noche todos duermen, pero eso sólo le pasa a la mayoría. Hay vidas que, como la tuya, despiertan cuando la oscuridad vence y se hace el silencio. Piensa en cuántas veces no pudiste conciliar el sueño y a cambio la mente te regaló las mejores ideas para el día siguiente, o incluso para el resto de tus días. En ocasiones, sólo una noche puede cambiarte la vida.

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