El castillo de las ranas

En ese momento comprendí el significado de esa adivinanza que había oído alguna vez y que dice: «¿Qué es lo que anda y anda sin llegar nunca la meta?» El tiempo no va hacia delante ni hacia atrás, no sube ni baja. El tiempo anda en otra dirección. | El castillo de las ranas, Jostein Gaarder

Abrígate porque va a hacer frío pero no descuides una manga corta porque después hará calor. Cuídate de lo desconocido mas fíate de las criaturas que te miren a los ojos. Tranquilo, estás en el bosque y aquí todo puede suceder, lo posible y lo imposible, así que lo mejor es que confíes en tu intuición y sigas adelante, hay muchos caminos y muchas historias para ti.

Bienvenidos al bosque, bienvenidos a El castillo de las ranas, una lectura de viaje a tu propia fantasía.

El castillo de las ranas
Jostein Gaarder
ilustrado por Gabriela Giandelli
Editorial Siruela (Col. Las Tres Edades)
ISBN: 978-84-7844-921-7


Hacía tiempo que no pensaba en la magia de los bosques, ni en la vida que se asoma desde el plano invisible del mundo.

Podría parecer que me he olvidado de seguir aprendiendo a través de la naturaleza. Y eso que fue precisamente un gnomo quien me contó lo fascinante que resulta el bosque, los secretos que en él se esconden. Yo era una niña pequeña y no es casualidad que aún recuerde a ese gnomo de gorro rojo y puntiagudo. Seguro que tú también lo recuerdas porque tú y yo crecimos con él.

Durante la lectura de este libro, he vuelto a comparar la medida de mis huellas con las de aquello que no soy capaz de ver.

El castillo de las ranas nos cuenta la fabulosa historia de Kristoffer Poffer, un niño que durante su paseo por el bosque tiene un encuentro sorprendente con un gnomo preguntón y, a veces, gruñoncete. El gnomo le invita a una tarde de merienda y juegos en el bosque y lo que empieza con una simple invitación a tortitas con mermelada de fresas silvestres se convierte en una aventura trepidante hacia lo desconocido.

Una novela llena de fantasía clásica donde no faltan el castillo, la doncella, la reina, las salamandras-soldado, hechizos, laberintos, acertijos, decisiones y recuerdos. Aquí todo cobra vida, el bosque se vuelve un escenario vivo en el que todos sus personajes buscan su sitio y su motivo. Kristoffer deberá encontrar el suyo.

En ese camino de búsqueda, el gnomo Umpin y la doncella Aurora serán los guías de lujo. Sin embargo, en otros momentos, nuestro protagonista estará solo ante situaciones disparatadas y de vital importancia para él. Sus decisiones marcarán el final de la travesía en el mundo del bosque y de los sueños.

Sabor a magia, olor a filosofía

Esta lectura, tan filosofal como sencilla, nos habla de cómo afrontar los cambios de la vida mirando siempre hacia delante. Nos habla de pérdida de los seres queridos pero también de la gran ayuda que tenemos en sus recuerdos. A lo largo del camino, Kristoffer comprenderá las grandes lecciones que ha aprendido de dichas personas.

Para enmarcar este relato, Jostein Gaarder nos devuelve a las narraciones clásicas: fábulas de animales, leyendas de gnomos, cuentos clásicos, el bosque…

Blancanieves, Caperucita Roja, Hansel y Gretel… son solo tres ejemplos de una lista interminable de historias que transcurren en el bosque y El castillo de las ranas tiene un sabor combinado de todas ellas. En realidad, es un entorno que conocemos desde niños.

En el bosque todo puede pasar, no hay límite para lo imprevisible.

Y de esto va la lectura que hoy te recomiendo. Un libro para jóvenes, para lectores con ganas de fantasía y aprendizaje, donde los reveses de la vida son un juego de niños.

No hay tiempo que perder, adéntrate en el frío invierno del bosque, sueña tu gnomo preguntón y salta hacia el verano y sus peligros. ¿Aceptas el reto? Queda prometido aprender y crecer.

Espero que te haya picado la curiosidad por saber algo más sobre este libro y su autor, pregunta en tu librería favorita o en la biblioteca de tu ciudad, ¡seguro que lo encuentras fácilmente!

Si te ha gustado la reseña y quieres más, puedes leer otras que pueden gustarte. Si aún te quedas con ganas de más, puedes seguirme en redes…  por Facebook e Instagram voy hablando de cuentos y poesía a todas horas.

Sea como sea, nos vemos en la página siguiente.

Otras lecturas

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¿Por qué leer poesía con niñas y niños?

 “La poesía permite que los maestros enseñen a sus alumnos cómo escribir, leer y comprender cualquier texto. La poesía puede dar a los estudiantes una salida sana para dar cabida a sus emociones” | Andrew Simmons, profesor de literatura

Creo que he postergado esta pregunta demasiado tiempo, pero mira hoy vengo a bocajarro. Lo he postergado primero porque las respuestas son redundantes, lo que vas a leer es solo es un eco más de todo lo que hay en otros medios (o no), y segundo porque existen preguntas que parecen obvias de contestar (o no). ¡¡Pero este es el día!! Ni lo primero ni lo segundo son motivos suficientes para silenciarme (léase en tono épico).

Y es que hay que decirlo más, que la poesía es uno de los mejores medios para acompañar en la lectura a niñas y niños around the world. Sí, niñas y niños pequeños e incluso prelectores porque es algo curioso: las nanas, las canciones rimadas, los juegos en forma de pequeño poema (hay mil ejemplos de esto) son muy habituales con bebés. Estimulan, calman, alegran… la voz de mamá, papá o abuelos es el mejor narrador para un bebé, no hay sustitución que la mejore.

Si embargo, cuando llegan a edades de lectura autónoma, poco a poco, les vamos quitando las ganas y las oportunidades para leer y escuchar poesía. ¿Infantil? Llámenla como quieran. Poesía en todo caso. Lo que quiero decir es que me resulta hasta cruel enseñarles algo tan potente y maravilloso cuando nacen para luego arrebatárselo cuando tienen la oportunidad de descubrirlo por sí mismos.

Negarles la poesía a los niños y niñas es quitarles un poco de su capacidad pensamiento.   

Por ello, da igual cuántas veces lo digamos, cuántas listas hagamos sobre las bondades de leer poesía con nuestros hijos o con nuestro alumnado, siempre serán bienvenidas y necesarias. Ni qué decir tiene que esta pregunta puede hacerse más general e intercambiar el género lírico por otro, las respuestas cambiarían pero no el sentido ni la intención.

Así pues,

¿Por qué leer poesía?

1 – Porque alimenta las ideas a través de la fuerza visual de las palabras, avivando su imaginación. La poesía les ayuda a sacar la esencia de las palabras, a convertirlas en imágenes, en posibilidades (porque una palabra en un poema puede tener mil usos, mil significados, mil sentidos e infinitas sensibilidades). La imaginación se enriquece como una gran bola de nieve que va alimentándose de más nieve ladera abajo.

2 – Porque adquieren mayor vocabulario y, además, aprenden a conectarlo mediante la rima. Si leer un cuento ya nos está abonando el lenguaje, leer poesía (permitidme) es el mejor fertilizante. La conexión entre palabras, entre sonidos, es una invitación a buscar muchas más conexiones. La rima, el pareado que nos parece tan sencillito y tan machacado (a veces), se convierte para ellos en algo nuevo, divertido. ¡Suena bien y suena casi igual! Curioso oso con un sueño escandaloso. (Construye frases así, improvisa y verás el resultado).

3 – Porque escuchando o leyendo en voz alta se estimula su sentido de la musicalidad. Aunque corrijo que no hace falta leerla en voz alta para acostumbrar al oído a esa música poética. Escribir poesía es un poco como escribir música, hay reglas y normas pero también se deja espacio a la libertad de creación. Lo normal es que al principio se comience por leer poemas con rima, puesto que son fáciles de entender, de memorizar incluso, se quedan mejor en nuestro recuerdo.

4 – Porque la mente se abre a la emoción y expresión libre. ¿Hay algo más emotivo, más propio, que un poema? No hay que tenerle miedo a que un peque se emocione con un texto: sorpresa, intriga, miedo, calma, alegría desbordada, atolondramiento… leyendo poesía con ellos podremos mostrarles que no hay barreras a la hora de expresarse tal y como son. 

5 – Y por último, pero lo dejo para el final porque es LO MÁS IMPORTANTE, la poesía es un juego. Sí, como lees, un buen poema es puro juego y como buen juego hay que tomárselo muy en serio para poder destriparlo, colorearlo, teatralizarlo, dibujarlo, derribarlo y volverlo a construir. Todo lo que se te ocurra es válido para jugar.

Sinceramente, creo que en algún momento de las vidas de nuestros niños y niñas, les quitamos inconscientemente la poesía porque a nosotros mismos nos da miedo. Y nos da miedo porque no la entendemos. Nos cansamos porque cuesta trabajo encontrar momentos de lectura interior para nosotros mismos. Así alejamos a aquellas nanas que nos cantaban, aquellas adivinanzas que tarareábamos con la abuela… ojalá que eso no pase, o pase menos, y sepamos encontrar en la poesía la valentía de ser día a día.

Y hasta aquí la turra de hoy. Cojan aire porque no será la última.

¡Nos vemos en la página siguiente!

Otras lecturas

  1. DELBOY, FLORENCIA (2018): Soy un jardín, ed. Periplo.
  2. DA LUA, NINA y CAPDEVILA, GEMMA (2016): Silencia, Fragmenta Editorial, 40 pp.
  3. selección de BENEGAS, MAR (2013): 44 poemas para leer con niños, Litera Libros, 64 pp.
  4. BENEGAS, MAR y GURIDI (2014): ¡A lo bestia!, Ed. Litera Libros, 48 pp.
  5. KORAÏCHI, RACHID (2017): Prodigios, Ed. Libros del Zorro Rojo, 144 pp.
  6. BOCH, LOLITA y LUCIANI, REBECA (2015): Animales que hacen cosas en silencio, Faktoría K de Libros, 48 pp.

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El pez que sonreía

Mentiras que ganan juicios,
tan sumarios que envilecen
el cristal de los acuarios

de los peces de ciudad
que perdieron las agallas,

en un banco de morralla,
en una playa sin mar
.

Peces de ciudad | Joaquín Sabina


Hay infinidad de cuentos y álbumes ilustrados publicados, algunos nos descubren el mundo exterior y otros, por el contrario, nos hablan de los «paisajes» que habitan nuestro mundo interior. La propuesta lectora de hoy se encuentra en este segundo grupo. Una historia que, a pesar de hablar de peces, de un humano y un puente con farolas, está escrita para hablar del apego, la luz interior que nos hace sentir bien o mal y los recuerdos.

Para dar un paso más en las lectura hay que arriesgar, atreverse a leer dentro de uno mismo. Como bien puedes intuir, esta lectura no va de edades recomendadas, ni de nivel lector definido, en esta ocasión te reto a un viaje hacia cualquier dirección, tú la marcas. Te reto a sumergirte y te doy la bienvenida a: El pez de sonreía, una obra de Jimmy Liao, editado y publicado por Barbara Fiore Editora.

Un hombre solitario que pasea por la ciudad, encuentra en un pez la mirada de complicidad que le llena por dentro. Siempre que pasa al lado de la gran pecera, ese pez le sonríe y aletea como si estuviera hablando con él. El hombre siente la necesidad de llevarse a ese pez a su casa, quiere ser «el dueño de ese pez». Una vez en casa, todo parece ir sobre ruedas, las sonrisas unen a ambos en una convivencia perfecta. Basta una sola noche, un solo sueño para que algo dentro del hombre (ya no tan solitario) cambie por completo. Cuando despierta no ve de igual modo a su pez, ni a sí mismo. Solo entonces, nuestro hombre reúne el valor necesario para emprender su gran viaje.

¿Por dónde ha de pasar hasta llegar a su destino? ¿Cuál es el objetivo de su viaje?

Tendrás que leer la historia para encontrar respuestas. No me gusta contar el final de los cuentos ni me gusta desvelar aquello que debe quedar entre libro y lector/a, pero sí voy a compartir contigo algunas de las ideas que me han acompañado a lo largo de las múltiples lecturas que he disfruta con esta maravillosa historia. Efectivamente, no es la primera vez que leo El pez que sonreía; lo tengo en casa desde 2010 y cada vez que lo he abierto ha abierto nuevos horizontes en mi pequeño mundo.

Estos horizontes son los que quiero compartir contigo, así que te sirvo café y seguimos charlando.

Encontrar miradas

No hay nada más poderoso que sentir que algo (lo que sea) te mira, te habla o se dirige a ti.

interior de «el pez que sonreía», de Jimmy Liao – Barbara Fiore Editora

Fíjate, hay una ligera diferencia entre título en inglés de este cuento y el de la traducción que me gustaría dejar caer por aquí. El título original es The fish that smile at me (El pez que me sonrió). ¡Cómo cambian las sonrisas cuando creemos o sabemos que van dirigidas a nosotros! Una sonrisa es bella pero lo es más cuando tú mismo eres el receptor o causante. El hombre solitario que quería ser dueño de un pez no quería serlo porque ese pez tuviera la capacidad de sonreír…. lo que dispara toda la historia de este cuento es que el hombre solitario piensa que ese pez le ha sonreído a él.

Por eso, si algo me ha calado de esta lectura es el darme cuenta de la importancia de las miradas. No solo miradas (de forma literal) entre personas humanas. Me refiero a nuestra búsqueda y encuentro de señales que nos marquen un camino, que nos den valentía, algo o alguien que nos reafirme.

El vuelo de una mariposa, una ráfaga de viento en el segundo oportuno, un cruce de miradas en la calle, una sonrisa tras el cristal, un árbol que mece sus ramas cuando estás debajo… ¿todo eso nos habla a nosotros? 

El apego es un velero llamado libertad

A veces tardamos en entender el significado de esto pero en lecturas como la de hoy encontramos la esencia de la libertad. La liberación personal es un camino y en él, cuando decides andarlo, surgen la felicidad, la danza, la falta de complejos, la infancia… 

Por eso me gusta tanto este título del catálogo de Barbara Fiore, porque resume a la perfección la necesidad que tenemos los humanos de librarnos de nuestra pecera. El hombre lo ve en sueños y ese sueño le cambia por completo, ve claro lo que necesita aunque esa decisión le angustie. Poco a poco irá comprendiendo y recordando.

interior de «El pez que sonreía», de Jimmy Liao – Barbara Fiore Editora

Prueba a leer este cuento desde la perspectiva del pez que sonríe. Es un juego sencillo, hazte con un cuaderno y con un lápiz y escribe el texto que te sugieran las imágenes pero, en tu juego, es el pez quien toma la palabra. Si lo haces cuéntamelo, así sentiré que estoy menos sola en esta locura. Será una señal más de compañía en este mundillo lector. Incluso puede (y esto es una amenaza) que comparta por redes sociales, Instagram y Facebook, algo del texto que yo escribí. 

Toda esta charla viene a decir que esta lectura es especial y necesaria. Si aún no lo tienes, estás tardando. Ve a tu librería de confianza o a tu biblioteca más cercana y pregunta por El pez que sonreía, de Jimmy Liao, con el sello de elegancia y buen hacer siempre de Barbara Fiore Editora.

Sería muy tentador recomendarte (también) todos los demás títulos publicados de Jimmy Liao, pero creo que es al contrario, al ilustrador chino de infancias adultas hay que leerlo en pequeñas dosis. Te recomiendo que sigas esta estela leyendo Lunámbula, y ya se lo puedes agradecer a Libros del Zorro Rojo.

Es una fácil pero intensa, maravillosa y nostálgica, divertida y verdadera, triste y optimista, azul y verde. Dicho esto vuelve a mirar la cubierta, son muchas cualidades las de este «pez» que libera a «su dueño» con una sonrisa.

Nos vemos en la página siguiente.

Otras lecturas

  1. TURKOWSKI, EINAR (2017): Lunámbula, ed. Libros del Zorro Rojo, 32 pp.
  2. ISERN, SUSANNA y POURCHET, MARJORIE (2016): En la azotea, ed. La Fragatina, 40 pp.
  3. SOBRINO, JAVIER y DELICADO, FEDERICO (2019): Pinzón, Ed. Cuento de Luz, 28 pp.
  4. LOULENDO, SARAH y ROI, ARNAUD (2019): ¡Libres al fin!, Ed. Zahorí Books, 20 pp.
  5. DELICADO, FEDERICO (2014): Ícaro, Ed. Kalandraka, 40 pp.
  6. RUIZ, JOSÉ ANTONIO y PINTO (2016): Los gansos, La Guarida Ediciones, 61 pp.

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Gordito

Hasta las lilas bajaron sus ramas a su encuentro, y el sol brilló, tibio y suave. Crujieron entonces sus plumas, irguióse su esbelto cuello y, rebosante el corazón, exclamó: – ¡Cómo podía soñar tanta felicidad!

Hans C. Andersen, El patito feo

Es alentador encontrar lecturas que busquen unir a las personas. Alentador por lo necesario que resulta que empaticemos con las personas de nuestro entorno y con las que ni siquiera conocemos.

Gordito es una historia llena de ternura pero a la vez de mucha determinación. Un círculo azul, con pantalones y tirantes rojos, nos saluda desde la cubierta, sonriente, divertido… todo invita a la despreocupación. Al comenzar la lectura, su autora (Mar Hernández) va presentando todo un mundo lleno de formas geométricas, de simetrías y juego de líneas rectas y curvas con los que cada personaje va tomando forma. 

interior, detalle de una de las ilustraciones de «Gordito», Mar Hernández, ed. Sallybooks

A Gordito le cuesta mucho integrarse en esta sociedad de polígonos en la que vive. Intenta acercarse a los demás, contarles sus cosas y compartir con ellos todo lo que a él le gusta hacer. Pero Gordito se siente triste porque todos sus intentos para hacer amigos son en vano, se desespera intentando parecerse al hexágono, al cuadrado y al triángulo equilátero. ¡Ya no sabe qué hacer!, con lo bonitas de son sus canciones… 

En el transcurso de esta sencilla lectura, nuestro redondo personaje aprenderá que dentro de una misma sociedad conviven personalidades de todo tipo, que no tienes que cambiar o parecerte a nadie para ser más feliz. Cuando menos lo esperas ¡zas! aparece quienes encajan con tu propia geometría.

No te cuento más sobre el final de la historia, es mejor que lo descubras en casa. 

Este es un cuento pequeño, cuadrado, manejable y editado en cartoné, maravillosamente ilustrado por Mar Hernández, quien estampa en cada página un encuentro con distintas personalidades y estados de ánimo. Dentro de Gordito te vas a encontrar con un forzudo y enfadado hexágono, un triángulo bastante estresado,

La autora transmite cada una de estas emociones a través de los colores, los trozos y las texturas. Por ejemplo, creo que el hexágono siempre está enfadado porque lo siento a través del lápiz de color rojo, porque los trazos están muy marcados, como si los hubieran coloreado con rabia… apretando muchísimo. No sé a ti pero a mí me parece una forma sencilla y genial para hablarle a los más peques, un lenguaje que ellos entienden casi mejor que los adultos.

En fin, muchas emociones dentro de un mismo cuento y Gordito en medio de todas ellas, intentado encajar con su peculiar línea curva en un mundo lleno de tantos ángulos. ¿Encontrará su lugar en el mundo?

interior, detalle de una de las ilustraciones de «Gordito», Mar Hernández, ed. Sallybooks

Este cuento me recuerda a otros títulos que versan sobre el mismo tema, y los tienes listados en la sección de «Otras lecturas» dentro de esta misma reseña. Desde luego, su trama me recuerda a Monstruo Rosa intentando buscar su lugar en un mundo de casas blancas, no encaja y emprende un viaje allí donde él se siente cómodo. También puedo ver tintes de Elmer, el elefante más colorido del mundo, siente que no encaja con sus cuadrados multicolores y se pinta de gris para ser como los demás…  

La geometría nos puede ayudar muchísimo a explicar que no todos somos iguales, que cada uno tenemos una forma particular… pero que todos cabemos por igual. Me estoy acordando de Por cuatro esquinitas de nada, un clásico que enseña a grandes y pequeños nuestro derecho a ser aceptados. Así todos hemos de educar en la integración, para eliminar barreras de cualquier clase.

Gordito trata estos temas desde una perspectiva fresca y desenfadada. El protagonista, con sus ojos redondos, tiene vida propia y de que te va a robar el corazón puedes estar segura/o. No se puede evitar quererle y empatizar con él, ya me lo dirás cuando lo leas. Verás que su mirada y su sonrisa lo dicen todo: es una historia escrita e ilustrada desde el optimismo.

Dicho esto, este cuento es una lectura que te recomiendo en cualquier etapa o edad. Teóricamente, es apropiado a partir de 3 años, pero no atemos la lectura a un rango de edad como si fuesen matemáticas precisas porque nos estaremos equivocando.

Con Gordito (Sallybooks) lo pasamos pipa porque lo tiene todo: amplitud de vocabulario, originalidad, empatía, ternura, humor, optimismo, con un mensaje muy necesario con el que educar a niñas y niños. De paso, puedes educar también a tu corazón de adulto. Porque sí, todos, todos, todos, tenemos nuestro corazoncito debajo de nuestra forma geométrica. Y ese corazón nos hace iguales en esencia.

Nos vemos en la página siguiente.

Otras lecturas

  1. McKEE, DAVID (2006): Elmer, Beascoa, 34 pp.
  2. DE DIOS, OLGA (2013): Monstruo rosa, Apila ediciones, 36 pp.
  3. RUILLIER, JEROME (2014): Por cuatro esquinas de nada, ed. Juventud, 32 pp.
  4. RAMOS BRAVO, MARÍA (2019): Bubble gum boy, ed. Fulgencio Pimentel, 32 pp.
  5. LOVE, JESSICA (2019): Sirenas, ed. Kókinos, 38 pp.
  6. LIONNI, LEO (2018): Nadarín, ed. Kalandraka, 32 pp.

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Mediterráneo

Que en la piel tengo el sabor
amargo del llanto eterno
que han vertido en ti cien pueblos,
de Algeciras a Estambul,
para que pintes de azul
sus largas noches de invierno.

Joan Manuel Serrat, Mediterráneo

Antes de meternos en harina, te cuento que vamos a empezar a leer mucho y bien junto con las profes de The LAB, academia de idiomas y laboratorio de creatividad que, entre otras cosas maravillosas, cuenta con una mini (pero creciente) biblioteca llena de libros, cuentos y álbumes ilustrados para leer y no parar. No te pierdas la actividad que tienen en redes sociales (Facebook e Instagram) porque es un espacio que mola muchísimo. Así pues, ¡¡comenzamos a leer en The LABrary!!

La verdad sea dicha: un día eres joven y al otro te fascinan los documentales sobre la naturaleza. Hace unos meses, viendo uno que hablaba sobre el cangrejo ermitaño, me llamó la atención algo de su comportamiento. Algo que los humanos hemos llamado solidaridad pero cuyo significado, creo yo, trasciende al propio término.

Deja que te cuente lo que vi en ese documental porque me impactó mucho, por bobo que parezca. Resulta que el cangrejo ermitaño muda de caparazón (de concha) conforme crece su cuerpo. Algunas veces, para hacer esta tarea más sencilla, varios cangrejos de diferentes tamaños forman una hilera perfecta en la que se ayudan unos a otros a ir cambiando de concha lo más rápido posible… la concha que deja el primero le vale al siguiente, que es más pequeño. Y así sucesivamente se ayudan para conseguir un objetivo común: contar con una «casa» que les proteja. Y además lo hacen de forma rápida, cosa que (si eres cangrejo) está bastante bien porque mientras no tienes tu caparazón estás a merced de los depredadores y de la vida misma; cambiar de concha de forma rápida es vital para ellos.

Solidaridad en estado puro. ¿Crees que el valor de ayudarse entre unos y otros es innato en todos los seres vivos? En los cangrejos ermitaños desde luego… y en los humanos también. Este cuento es una buena muestra de ello. Una historia sencilla, directa y que da justo en el centro de nuestra responsabilidad con quienes sufren la injusticia de que haya dos orillas de un mismo mar, o dos lados de una misma frontera, con distinta suerte para los que nacen a un lado u otro.

Bienvenidos al cuento titulado, Mediterráneo, con texto de Ana Jesús Olaya e ilustraciones de Zaida Montes, publicado en Apublicar Editorial.

detalle de una ilustración de Zaida Montes, para «Mediterráneo»

La historia de este cuento es bien sencilla: tres niños, con una idea en la cabeza y voluntad para llevarla a cabo. Lucía, Iván y Gonzalo son testigos de algo que les lleva a la acción, la autora no nos dice qué han visto y qué han oído, pero yo te lo voy a desvelar. ¡Alto, Belén! ¿Estás haciendo spooiler? Un poco, pero creo que lo más importante del cuento es lo que NO voy a decir. Lo que ven estos tres hermanos es cómo el mar trae barcas llenas de personas desprotegidas. Hombres, mujeres, niñas y niños que no han tenido otra opción que entregarse al mar para buscar una «orilla» mejor que la que les ha tocado hasta ahora.

El instinto y el ejemplo que ven en casa empuja a Iván, Lucía y Gonzalo a no quedarse parados. ¿Qué van a hacer? Esto sí que no te lo voy a contar, para mí ese es el verdadero tesoro de este cuento. Tendrás que comprarlo para entender que hay acciones que transforman el mundo por pequeñas que parezcan. La autora, Ana Jesús Olaya, me consta que pone el alma en cada palabra. Y me consta porque la conozco de mis años de librera. Sé que todo su esfuerzo de escritora va dedicado a educar generaciones de niñas y niños en valores humanos. Sus cuentos son mensajes siempre positivos y que, además, se inspiran en la infancia. Es un placer recomendar en este espacio lector una obra de Ana Jesús.

Cuando abras Mediterráneo entrarás en la dureza de las aguas que separan los destinos de la gente. Destinos crueles en muchos casos, por esto creo que las ilustraciones van en azules, marrones y tonos algo más oscuros de lo habitual. Hay que darse cuenta de que el mensaje transmite esperanza pero la situación presente es fuerte, intensamente injusta y oscura para muchos. Me gustan los dibujos de Zaida, me dan la posibilidad de empatizar y hacer más real la historia.

detalle interior con texto de Ana Jesús Olaya e ilustración de Zaida Montes, para «Mediterráneo»

Tener una casa, encontrar refugio. Ayudar a tener una casa, dar refugio. En suma, es eso. Este cuento me recuerda a los cangrejos ermitaño, en fila, ayudándose para conseguir su necesaria concha/casa, me deja el deseo de dar ejemplo y no quedarme parada, me trae los versos más conocidos de la canción, «qué le voy a hacer si yo nací en el Mediterráneo» para increparme que esto puede ser cierto aunque varía el sentido dependiendo de la orilla.

Hagamos que el Mediterráneo pueda pintar de azul las largas noches de invierno en todas sus playas.

El puntazo positivo de esta lectura es que, comprándola, donas 5 euros a la Plataforma de Ayuda al Refugiado (PAR) de Almansa, que destina todos sus fondos a proyectos de ayuda con niñas y niños refugiados. Así que, no solo es un cuento con palabras e ilustraciones, es acción que invita a plantear al lector: ¿qué puedes hacer tú?

Búscalo y hazte con él porque es un cuento precioso, lleno de melodía poética y de buenas ideas.

Nos vemos en la siguiente página.

Otras lecturas

  1. SANNA, FRANCESCA (2016): El viaje, ed. Impedimenta, 48 pp.
  2. CLAIRE, CÉLINE y LENG, QIN (2018): El refugio, ed. Tramuntana 48 pp.
  3. H. CHAMBERS, DANIEL y DELGADO, FEDERICO (2018): Un largo viaje, Kalandraka Editora, 48 pp.
  4. WATANABE, ISSA (2019): Migrantes, ed. Libros del Zorro Rojo, 38 pp.
  5. O’CALLAGHAN, ELENA y SANTOS H., Mª JESÚS (2005): El color de la arena, ed. Edelvives, 42 pp.
  6. CAMPANARI, JOSÉ y DAVIDDI, EVELYN (2016): Trenfugiados, ed. La Fragatina, 36 pp.

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La merienda del señor Verde

René Magritte

Ante una ventana vista desde el interior de una habitación, he colocado un cuadro que representa exactamente la parte del paisaje escondida por la pintura. Así, el árbol oculta el árbol que está detrás, fuera de la habitación.

A malos tiempos, buenas lecturas. Lo que la valentía haga con nuestras vidas es responsabilidad nuestra pero los horizontes que ganamos con ella son mucho más deseables que la monotonía de vida insatisfecha.

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¡Dídola Pídola Pon! o La vida debe ofrecer algo más

Ana María Matute

El mundo hay que fabricárselo uno mismo, hay que crear peldaños que te suban, que te saquen del pozo. Hay que inventar la vida, porque acaba siendo verdad

La vida puede ofrecer algo más, pero ¿cuánto más? La imaginación interviene, jugando un factor increíble, en esta aventura difícil de contar pero fácil de creer. ¿O al revés?

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Espera, Miyuki

Søren Kierkegaard

La paciencia es necesaria, y no se puede cosechar de inmediato donde se ha sembrado.

Hay maneras preciosas de ilustrar la primavera pero pocas veces se ilustra, de forma tan majestuosa, la impaciencia. Bienvenido al cuento donde la obstinación tiene forma de flor.  

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