Mi jardín es mi más bella obra de arte. Todo lo que he ganado ha ido a parar a estos jardines. Todo el mundo discute mi arte y pretende comprender, como si fuera necesario, cuando simplemente es amor.

Claude Monet

El jardín se diseña y se cultiva, ¿puede ser la poesía el jardín que podemos cuidar dentro de nosotros mismos? Cada jardín del mundo es diferente pero todos ellos tienen en común el cuidado, la intención, la atención, el diseño… El jardín no es, por tanto, arbitrario: tanto si hay rosas y jazmines como manzanos y almendros.

Cuando da frutos y flores todo queda en armonía, plena satisfacción de la jardinera o jardinero, pero al contrario, cuando no hay otra recompensa que el propio riego o poda, todo se vuelve un fastidio y llega aquello de «me he metido en un jardín…». Así sucede con todos del niveles de nuestra vida. Ahora bien, para ti que disfrutas de cada paso, que te escondes en la copa de los árboles, que juegas en el montón de hojas secas caídas del otoño, para ti es este álbum ilustrado de poemas.

Bienvenido a Soy un jardín, de Florencia Delboy, editado por Periplo. Si buscas este título en tu librería favorita, te recibirá con las ramas abiertas un precioso árbol en flor. Quédate un rato en la ilustración de la cubierta porque merece la pena. En ese árbol hay cabida para vida humana, para aves, para insectos, para las flores y las hojas. La copa es un mundo entero dando cobijo a miles de hojas, idénticas a simple vista, y flores con sutiles pero profundas diferencias.. El exterior de sus límites parece vacío, un vacío en blanco aunque no lo sabemos con certeza. Lo que sí sabemos es que hay tierra gracias a la sombra inferior que el árbol proyecta, como sabemos que hay seres vivos llegando de otros lugares (seguramente de otros jardines).

A partir de aquí, el álbum va ganado confianza y ganas de explorar los diversos jardines en los que podemos meternos y ser nosotros mismos. También podemos visitarlos «de prestado». Las páginas van llenándose de sencillos, muy sencillos, poemas que hablan de lo cotidiano. A cada poema, la autora le asigna un árbol diferente, como si las palabras y la propia especie estuvieran cultivadas para tal fin, con un mismo destino.

Así vamos pasando por el olivo, el azahar de la China, el membrillo, el ciruelo rojo, la magnolia junto con otras seis variedades más. Podría tratarse de árboles que construyen jardines diferentes, lo mismo que poemas construyen sensibilidades únicas. Todo puede mezclarse pero lo que nunca nunca puede pasar, ni en las sensibilidades ni en los jardines, es que se dejen de cuidar y mantener con mimo, esfuerzo, dedicación e intención.

Las poemas que vas a encontrarte son cortos. La mayoría cuartetas o quintetos aparecen mezclados con otros de verso libre, incluso con algún ritmo tradicional latino. Nos reflejan una infancia en la memoria, olores, acciones, sentimientos que forman parte del jardín de la autora. Destila añoranza pero tampoco tristeza, son textos bastante equilibrados y siempre siempre positivos. Evocan pasajes tiernos, teniendo como testigos imperturbables a los árboles. Ese rasgo es común a todos los poemas: en todos se nombra a un árbol.

Si bien los versos aparecen en la hoja izquierda del álbum, la hoja derecha se reserva para las preciosas estampas. En ellas vemos los árboles a los que hace alusión el texto, salpicados de detalles externos. El árbol no sólo es solo un árbol sino una historia gracias a estos detalles. Pueden ser leídos e interpretados según se imagine el jardín de la lectora o el lector.

ilustración de Florencia Delboy, «Soy un jardín»

Hablarte de las ilustraciones sería hacer referencia a colores de estación: otoños que se mezclan con primaveras y veranos llenos de invierno. Todo el clima pasa por las ramas de estos simbólicos jardines. Lo que más me gusta de ellos son sus hojas pequeñas, repetidas como puntos infinitos, las copas plagadas de color parece que puedan olerse. Son ilustraciones bastante delicadas, contenidas, de trazo muy fino.

Desde luego, y como toda lectura de poesía, es una recomendación librera apta para peques y grandes. ¿Puede haber algo que le guste más a una persona adulta que recordar su niñez? Esa fórmula nunca falla.

Pero te doy una razón más para hacerte con este álbum (ya sea en tu librería favorita o en tu biblioteca del barrio): en las páginas finales tienes un diccionario ilustrado de las flores y frutos que dan los árboles citados en el poemario. Una sencilla semblanza de cada especie enmarca el proceso circular de todo ser vivo: siendo el nacer, florecer, dar fruto y morir para volver a plantar… la promesa de volver a nacer.

Te recuerdo los datos de este álbum ilustrado para peques y puedes encontrar este cuento en librerías o bibliotecas:

| Soy un jardín
Florencia Delboy, Periplo editorial
ISBN: 978-987-45867-4-2

Un poemario infantil para todos los públicos
para tener en casa
y disfrutarlo tantas veces
como llueva
o el sol salga.

Nos vemos en la siguiente página.

Otras lecturas

  • RODRÍGUEZ ABAD, ERNESTO y GARCÍA, ESTER (2018): Escritos en la corteza, editorial Loqueleo, 34 pp.
  • ESQUILLONI, ARIANNA y DOMÈNECH, LAIA (2020): Bajo las piedras, ed. Akiara books, 64 pp.
  • BOSCH, LOLITA LUCIANI, REBECA (2015): Animales que hacen cosas en silencio, Faktoría K de Libros, 48 pp.
  • BILBAO BARRUETABEÑA, LEIRE y MUTUBERRIA, MAITE (2019): Bichopoemas y otras bestias, editorial Kalandraka, 64 pp.
  • MUNITA, FELIPE y ECHENIQUE, RAQUEL (2017): Diez pájaros en mi ventana, ed. Ekaré, 56 pp.

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