Franz Kafka

Todo mi ser no es sino miedo

Si yo fuera una muñeca viajera, mejor que mis palabras serían las de un Kafka abandonado por la salud y convencido de que sus escritos no tenían ningún sentido después de que ésta le abandonara por completo. Si yo quisiera viajar por el mundo, y fuese muñeca de alguna niña de pelo rubio, usaría al más temeroso de los hombres del parque para reparar mi huida.

Así se pueden escribir cartas y así pueden ser recibidas.

Una pequeña novela del escritor por excelencia en literatura juvenil. Una obra que abarca apenas unas semanas en el tiempo, pero que se prolonga en el mismo a través del misterio. ¿Sucedió realmente lo que se cuenta? ¿Quién es la niña? ¿Habrá vuelto al parque?

Más allá de que, personalmente, pienso que esas preguntas no merecen ser contestadas, lo cierto es que el misterio de este hecho no deja de provocar en el lector un respeto hacia la historia que trasciende a la ficción. Sucedió, pudo ser así y en algún lugar tiene que haber un legajo de cartas, escritas por una muñeca que viajó alrededor del mundo, cuyo cartero fue Franz Kafka y Elsi, una niña pequeña, su destinataria.

Para quien no sepa de qué va el asunto, le pongo en situación:

Paseando por el parque Steglitz, Franz Kafka escucha el llanto desconsolado de una niña pequeña, llamada Elsi. Al ver que nadie se acerca a ella para consolarla decide hacerlo él mismo. Hablando con ella descubre que las lágrimas de la pequeña son porque no sabe dónde está su muñeca. Kafka contempla la posibilidad de que algún niño se la haya quitado pero se da cuenta de que es imposible, la muñeca se ha perdido y sólo tiene una opción: decirle a la niña que se calme, que ya podrá comprar otra muñeca en otro momento. O no. Movido por un sentimiento esperanzador le dice a la niña que su muñeca no está perdida, que simplemente ha decidido viajar para ver mundo. Poco a poco la niña va calmándose y entrando en un estado de infinita curiosidad.

Una vez metido en el “engaño” Kafka no puede detener las ansias de Elsi y ha de convertirse no sólo en un cartero improvisado sino en un auténtico cronista que habla por boca de una muñeca, Brígida, si es que eso tiene algún sentido. En el mundo de la escritura todo es posible, ¿pero cómo hacerlo?, ¿podrá ser creíble?

Aquí comienza un verdadero camino de encuentro entre varias vidas y la esperanza.

Escribir sobre Kafka

El verdadero valor de esta pequeña y reveladora novela son sus personajes, la realidad mezclada con la ficción que se suponen detrás de esta historia y la complejidad de emular palabras de uno de los grandes pensadores del siglo pasado… a una niña.

Por más que sea una historia conmovedora la del cartero de muñecas, todo andaría sobre la nada si dicho cartero no fuera quien es: Franz Kafka. Ahí reside la fuerza de todo el libro, porque no cabe en una mente cuadriculada que el mismo autor que comenzó una de sus obras de esta forma: «Una mañana, tras un sueño intranquilo, Gregorio Samsa se despertó convertido en un monstruoso insecto», sea el mismo que Jordi Sierra i Fabra refleja en este libro.

¿Cabe la duda?

Otros autores han plasmado en sus libros este encuentro de Kafka con la niña en el parque Steglitz. Paul Auster, en su novela (de lectura altamente recomendable) Brooklyn Follies, relata lo siguiente:

«Ahí es donde la historia empieza a llegarme al alma. Ya es increíble que Kafka se tomara la molestia de escribir aquella primera carta, pero ahora se compromete a escribir otra cada día, única y exclusivamente para consolar a la niña, que resulta ser una completa desconocida para él, una criatura que se encuentra casualmente una tarde en el parque. ¿Qué clase de persona hace una cosa así? Y cumple su compromiso durante tres semanas, Nathan. Tres semanas. Uno de los escritores más geniales que han existido jamás sacrificando su tiempo (su precioso tiempo que va menguando cada vez más) para redactar cartas imaginarias de una muñeca perdida. Dora dice que escribía cada frase prestando una tremenda atención al detalle, que la prosa era amena, precisa y absorbente. En otras palabras, era su estilo característico, y a lo largo de tres semanas Kafka fue diariamente al parque a leer otra carta a la niña. La muñeca crece, va al colegio, conoce otra gente. Sigue dando a la niña garantías de su afecto, pero apunta a determinadas complicaciones que han surgido en su vida y hacen imposible su vuelta a casa. […]

Para entonces, claro está, la niña ya no echa de menos a la muñeca. Kafka le ha dado otra cosa a cambio, y cuando concluyen estas tres semanas, las cartas la han aliviado de su desgracia. La niña tiene la historia para habitar un mundo imaginario, las penas de este mundo desaparecen. Mientras la historia sigue su curso, la realidad deja de existir.»

Mejor no se puede describir este libro. Gracias, Auster.

Para constatar este suceso de tres semanas tenemos la palabra de Dora Diamant, nada más. Nunca nadie sacó a relucir esas cartas, estén donde estén contienen parte de una de las mejores plumas de la literatura y la filosofía. No pretendo exponer datos concretos de la vida de Kafka aquí porque los recogen otros libros y artículos, mucho más rigurosos que el mío, pero sí destaco el contexto en el que se mueven los personajes. En 1923 el escritor sufría de una pulmonía acompañada múltiples trastornos psicológicos, para más tarde sufrir de tuberculosis de laringe. Kafka moriría tan sólo un año después de estas cartas.

Toda su obra anterior le había llevado por los límites de la psicología, el misticismo, la burocracia, el absurdo en su forma más terrorífica y todo lo escribe de forma magistral. Personalmente, leer a Kafka se hace un deleite pero sólo cuando logras ubicarte a cierta distancia de sus palabras, aun así no deja de ser agónica.

Franz Kafka quería que su toda su obra no publicada fuese destruida después de su muerte. Teniendo en cuenta que su amigo, Max Brod, no hizo caso de esta voluntad, puedo pensar que el conjunto de estas cartas pertenece a ese legado que permaneció fiel al deseo del escritor, y que Dora sí cumplió. Es un dilema pensar en dicha última voluntad y saber que con ella desaparecerían lecturas como El procesoEl castillo o América.

Kafka y la muñeca viajera, Jordi Sierra i Fabra

Franz Kafka sintió el hormigueo en sus manos, el nacimiento de las alas de Ícaro que le elevaban hasta aquellos mundos sólo posibles en su mente inquieta e inquietante, cuando se abocaba sobre el papel con la pluma y trenzaba las historias más singulares jamás concebidas. Era escritor.

Volviendo al tema del libro; el mérito de cualquier escritor que se aventure a ponerle palabras concretas a estas cartas reside en la capacidad de ponerse en la piel de esta persona, enferma a todos los niveles, en un ámbito jamás conocido. Podemos conocer y estudiar la obra de Kafka, pormenorizar su vida, sus problemas familiares, su contexto histórico, etc. pero adentrarse en esta anécdota, que sabemos por terceros, es adentrarse en un terreno con muy pocas huellas por las que guiarse.

Esta historia es pura ficción de lo intangible. Hacerlo mal es muy fácil y hacerlo bien complicadísimo.

Jordi Sierra i Fabra se arriesga y cumple con la misión de trasladarnos a aquel Berlín para ser testigos de lo insólito.

Hablando de cartas, infancia y pensamiento

No puedo seguir la escritura de esta crónica sin mencionar que, durante el pasado mes de agosto, tuve el placer de acompañar a un grupo de chicas (14 años) en la lectura de este título. Un club de lectura improvisado que surgió de las propias chicas y de su necesidad de leer en solitario pero compartir la experiencia en conjunto. La propuesta fue de ellas y el empuje definitivo lo puse yo (por atribuirme algún tipo de colaboración en esto).

Así, propusimos Kafka y la muñeca viajera, y fue por dos razones:

Una | La sencillez de la lectura en su estructura. Sin muchas páginas, sin diálogos enrevesados, sin saltos ni sobresaltos.

Dos | La complejidad del pensamiento que surge a raíz de la propia lectura.

La primera idea aporta tranquilidad al grupo, todas las chicas han visto cómo su lectura se hacía fluida y eso les ha animado a seguir siempre hacia delante, incluso si no les atraía la trama. Dentro del grupo ha habido entusiasmo y también indiferencia, los matices de cada lectora han enriquecido la lectura de todas.

¿Por qué un mismo texto puede suscitar reflexiones tan dispares?

La segunda idea nos llevado más lejos, nos ha abierto una interminable lista de preguntas. Las fui apuntando en mi libreta y algunas de ellas las comparto contigo. ¿Alguna vez he sentido el apego a algo tan sencillo como una muñeca o un juguete?, ¿en qué momento de nuestra vida abandonamos la inocencia infantil?, ¿qué hubiera hecho yo en el lugar de Kafka?, ¿qué hubiera escrito yo?, ¿creo que acaba de la mejor manera posible?, ¿Elsi se hubiera conformado con otra respuesta?, ¿cómo cambiamos las personas a través del tiempo y de la enfermedad?, ¿la fantasía es un refugio para nuestro dolor?

Si llegas a esta página buscando materiales para realizar una lectura compartida sobre un libro juvenil, te aconsejo que te suscribas porque al correo mandaré, el próximo mes, parte de la guía y el material que he utilizado con el grupo de chicas. En esa guía incluiré un par de opiniones que escribieron algunas de ellas sobre Kafka y la muñeca viajera, te aseguro que merece la pena leerlas.

Si has leído ya este libro, ¿a qué esperas para contarme tu opinión? Estoy deseando hablar de esto con más lectores.

Salud.

Otras lecturas

  • [1] KAFKA, FRANZ (2016): Cartas a Milena, Madrid, Alianza Editorial, 392p.
  • [2] AUSTER, PAUL (2006): Brooklyn Follies, Barcelona, Editorial Anagrama, 320p.
  • [3] KUMPFMÜLLER, MICHAEL (2015): La grandeza de la vida, Barcelona, Tusquets Editores, 272p.
  • [4] KAFKA, FRANZ (2016): La metamorfosis. El manga, Barcelona, La Otra H, 200p.

Anexo

Metamorfosis (Franz Kafka – short film)

Hipotálamo Films
Corto basado en la obra original de Franz Kafka, Die Verwandlung.

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